Cuando Nicolás Cugnet patentó
el primer automóvil impulsado
por la fuerza del vapor, con sillas altas,
pelucas y tres ruedas de hierro,
dando explosiones y saltos,
rugió por primera vez
en estos caminos rurales
- los pájaros sentados en los árboles,
desde el inicio de la fabricación
de automóviles, todo lo vieron,
en 1769, en voz baja
en sus cantos señalaban con sus alas:
en sus cantos señalaban con sus alas:
“este es el demonio
que ha caído del cielo.”