martes, 2 de agosto de 2011

POETA CHILENO EDUARDO EMBRY EN INGLATERRA

Amadís que nunca muere


De un libro famoso que
sostengo en mis manos
se desprende una rama de manzano
que es el rostro de la hechicera
que nadie conoce;
cada vez que alguien la mira
cambia su rostro,
ahora tiene la cara
de una vieja enferma
que viaja en su cama voladora,
como si ese mueble
fuera un aeroplano
de aterrizaje vertical,
y todo, para protegerme de nada;
porque después
del tercer lance (que dedico a mi bruja)
un caballero más diestro
me mata y me mata con su espada;
después de mi muerte,
se conocen manuscritos
que cuentan que yo
nunca muero.
(mi compadre que oye este poema,
desde el fondo de la sala
lanza una carcajada)


sábado, 2 de julio de 2011

Diez mil libros, todos hablan de ti



Ya sabes cuán pequeña es mi casa,
ninguno de los vecinos que viven en esta cuadra
tiene tantos libros como yo,
carpetas y carpetas
llenas de documentos
del alquiler,
de las cuentas y avisos en rojo
de la compañía del gas, de la luz y del agua;

ya sabes cuánto orgullo siento
de mis libros que se amontonan por todas partes,
de tantos que hay, no cabe ni un alfiler,
impiden que las plantitas crezcan
y que el gato, por lo menos, tenga 
una cama cómoda donde dormir; 
son tantos los libros que hay
que si yo me pusiera a contarlos – no me sorprendería
si alcanzaran a diez mil,
es decir, diez mil libros que guardo
en una casa tan pequeña,
como si diez mil todos a la vez
hablaran sólo de ti.
 


Amor a los cerros de Chile




De recorrer a pie estos montes,
verdes llanos y precipitados ríos,
tengo el corazón hecho una lija
que raspa la piedra y forma mis
sentimientos de amor a esta patria;
aquí me arrodillo; que venga,
que no se detenga aquel
de boca grande y me diga que estos
versos no son de su agrado, eso,
me importa un pepino; pues desde
estas tierras bajas doy un salto,
alcanzo la cima, doy un beso
a las viejas nubes muy altas;
quiero acurrucarme en el pecho
de la más gorda del barrio, la que vende
sopaipillas calientes cuando llueve,
la que se va con el Eugenio (que es
el gallo que lindo le canta con la guitarra),
los versos que le manda
son camas blandas que flotan,
como flores se van por el aire;
ya se van, ya se están yendo,
han subido a un caballo, con sus piernas
abiertas, como un alicate
presionan el lomo del animal que no corre,
pero vuela, y el galán que lo sabe todo,
la lleva recto
por el camino de la posada del tuerto
que por amor a los cerros de Chile,
ofrece colchones tibios para iracundos
que como perros, se muerden,
uno al otro, se comen;
cómo me gustaría a mí
acurrucarme en el pecho de la gorda
la que vende
sopaipillas calientes cuando llueve.

martes, 14 de junio de 2011

Enemigos de pájaros VI


Cuando Nicolás Cugnet patentó
el primer automóvil impulsado
por la fuerza del vapor, con sillas altas,
pelucas y tres ruedas de hierro,
dando explosiones y saltos,
rugió por primera vez
en estos caminos rurales
-         los pájaros sentados en los árboles,
desde el inicio de la fabricación
de automóviles, todo lo vieron,
en 1769, en voz baja
en sus cantos señalaban con sus alas:
“este es el demonio
que ha caído del cielo.”