LA PÁGINA DE ANDRÉS MORALES: POEMAS DE EDUARDO EMBRY
www. El invencionero terrestre
POETRY.EDUARDOEMBRY
viernes, 22 de diciembre de 2017
viernes, 16 de enero de 2015
La letra vocal que prefiero
De las cinco vocales que
hay en el alfabeto
prefiero la letra i de
cabellos largos,la más claridad y absoluta
como los avisos de las carreteras,
con ella o se acierta a la manzana
o la manzana se devuelve
para dar un flechazo en la nuca;
esta es la i que se derrama entre consonantes inútiles,
la que antes de la hora del té
hojea revistas que no me interesan;
la i de las escenas casi borrosas;
todo por amor a las vocales,
sin una queja, se ven caer los soldados
en los campos de Flandes;
ridículo me veo en estos lances:
extiendo una mano hacia atrás,
con la punta de mis dedos
cojo el pasado que nunca fue mejor,
aquel hilo invisible que paso por mis ojos;
con la otra mano alcanzo el futuro;
como si quisiera aplaudir lo prohibido:
a la que canta
en el coro de una iglesia,
repliego ambas manos, lo ideal en nuestros días,
lo que corresponde a mi rudeza,
que al juntar las manos del aplauso
salga volando un pájaro;
pongo los puntos sobre las íes,
pienso: un día hallaré la i perfecta,
la i que por toda una vida he buscado;
la i como el trébol de cuatro hojas,
la i que me acostumbra a vivir dentro de otra i,
la que viaja sobre el cielo azul
dentro de una ballenita,
la que aborrece los textos ambiguos,
la i que no dice nada cuando le quito
el vestido que la cubre.
[©Eduardo Embry, desde Inglaterra]
martes, 2 de agosto de 2011
POETA CHILENO EDUARDO EMBRY EN INGLATERRA
Amadís que nunca muere
De un libro famoso que
sostengo en mis manos
se desprende una rama de manzano
que es el rostro de la hechicera
que nadie conoce;
cada vez que alguien la mira
cambia su rostro,
ahora tiene la cara
de una vieja enferma
que viaja en su cama voladora,
como si ese mueble
fuera un aeroplano
de aterrizaje vertical,
y todo, para protegerme de nada;
porque después
del tercer lance (que dedico a mi bruja)
un caballero más diestro
me mata y me mata con su espada;
después de mi muerte,
se conocen manuscritos
que cuentan que yo
nunca muero.
(mi compadre que oye este poema,
desde el fondo de la sala
lanza una carcajada)
sábado, 2 de julio de 2011
Diez mil libros, todos hablan de ti
Ya sabes cuán pequeña es mi casa,
ninguno de los vecinos que viven en esta cuadra
tiene tantos libros como yo,
carpetas y carpetas
llenas de documentos
del alquiler,
de las cuentas y avisos en rojo
de la compañía del gas, de la luz y del agua;
ya sabes cuánto orgullo siento
de mis libros que se amontonan por todas partes,
de tantos que hay, no cabe ni un alfiler,
impiden que las plantitas crezcan
y que el gato, por lo menos, tenga
una cama cómoda donde dormir;
son tantos los libros que hay
una cama cómoda donde dormir;
son tantos los libros que hay
que si yo me pusiera a contarlos – no me sorprendería
si alcanzaran a diez mil,
es decir, diez mil libros que guardo
en una casa tan pequeña,
como si diez mil todos a la vez
hablaran sólo de ti.
Amor a los cerros de Chile
De recorrer a pie estos montes,
verdes llanos y precipitados ríos,
tengo el corazón hecho una lija
que raspa la piedra y forma mis
sentimientos de amor a esta patria;
aquí me arrodillo; que venga,
que no se detenga aquel
que no se detenga aquel
de boca grande y me diga que estos
versos no son de su agrado, eso,
me importa un pepino; pues desde
estas tierras bajas doy un salto,
alcanzo la cima, doy un beso
a las viejas nubes muy altas;
quiero acurrucarme en el pecho
de la más gorda del barrio, la que vende
sopaipillas calientes cuando llueve,
la que se va con el Eugenio (que es
el gallo que lindo le canta con la guitarra),
los versos que le manda
son camas blandas que flotan,
como flores se van por el aire;
ya se van, ya se están yendo,
son camas blandas que flotan,
como flores se van por el aire;
ya se van, ya se están yendo,
han subido a un caballo, con sus piernas
abiertas, como un alicate
presionan el lomo del animal que no corre,
pero vuela, y el galán que lo sabe todo,
la lleva recto
por el camino de la posada del tuerto
que por amor a los cerros de Chile,
ofrece colchones tibios para iracundos
que como perros, se muerden,
uno al otro, se comen;
cómo me gustaría a mí
acurrucarme en el pecho de la gorda
la que vende
sopaipillas calientes cuando llueve.
martes, 14 de junio de 2011
Enemigos de pájaros VI
Cuando Nicolás Cugnet patentó
el primer automóvil impulsado
por la fuerza del vapor, con sillas altas,
pelucas y tres ruedas de hierro,
dando explosiones y saltos,
rugió por primera vez
en estos caminos rurales
- los pájaros sentados en los árboles,
desde el inicio de la fabricación
de automóviles, todo lo vieron,
en 1769, en voz baja
en sus cantos señalaban con sus alas:
en sus cantos señalaban con sus alas:
“este es el demonio
que ha caído del cielo.”
viernes, 24 de diciembre de 2010
Conozco bien este lugar
Conozco bien este lugar:
cada vez que lo recuerdo
de un chispazo
desaparece de los mapas,
y cuando uno se aleja en barco
todas estas casas contra el viento
se van quedando atrás, se elevan a los cielos;
“ánimo, ánimo” dicen las gaviotas,
niños, mujeres y varones, mucha gente,
como si las nubes fueran ventanas,
las gaviotas moviendo la cabeza repetían
“qué buen vasallo sería
si tuviese buen señor”,
de valles y flores, planos como una mesa;
este es el lugar donde una vez al año
revientan guatapiques,
y para mostrar cuán grande es el amor,
se dejan colgar de cabeza
hacia el mar,
aunque no todos se abrazan,
los grandes amores
duran años y años abrazados;
sólo de recordar estas cosas
uno piensa que en estos lugares
nadie ha muerto.
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