Ya sabes cuán pequeña es mi casa,
ninguno de los vecinos que viven en esta cuadra
tiene tantos libros como yo,
carpetas y carpetas
llenas de documentos
del alquiler,
de las cuentas y avisos en rojo
de la compañía del gas, de la luz y del agua;
ya sabes cuánto orgullo siento
de mis libros que se amontonan por todas partes,
de tantos que hay, no cabe ni un alfiler,
impiden que las plantitas crezcan
y que el gato, por lo menos, tenga
una cama cómoda donde dormir;
son tantos los libros que hay
una cama cómoda donde dormir;
son tantos los libros que hay
que si yo me pusiera a contarlos – no me sorprendería
si alcanzaran a diez mil,
es decir, diez mil libros que guardo
en una casa tan pequeña,
como si diez mil todos a la vez
hablaran sólo de ti.
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